Dos años después de que la pandemia azotara al mundo, las dinámicas ambientales, sociales y económicas a nivel global se han visto drásticamente cambiadas o cuestionadas.  

En el mundo corporativo, el desempeño económico y los principios puramente financieros se han revelado como insuficientes para asegurar la rentabilidad en el largo plazo. Y aunque la necesidad de incluir asuntos ambientales y sociales lleva tiempo manifestándose como un factor esencial para las empresas, la disruptiva naturaleza de la crisis de la COVID-19 ha hecho de estos asuntos algo tan urgente como fundamental. 

Es más, los criterios de inversión ESG se han convertido ya en un punto de referencia tanto para inversores como empresas en la consecución de objetivos de sostenibilidad y responsabilidad social como estrategia de crecimiento económico. 

Según nos adentramos en este nuevo año y nos enfrentamos a retos cada vez más complejos, el mundo pide un cambio de perspectiva mediante el que poder entender e indagar en qué necesita nuestra sociedad y planeta para prosperar. 

La ‘S’ en ESG

Mientras las prácticas medioambientales y de buen gobierno continúan desarrollándose, la pandemia ha puesto en entredicho y exacerbado los muchos retos sociales que hemos dejado atrás. 

Las desigualdades sociales, tales como la discriminación de genero o racial, la caida de los salarios o los efectos del cambio climatico en comunidades vulnerables, son algunos de los problemas más notables a los que nos enfretaremos en los años que vienen. Estos crean unas condiciones de inestabilidad que dificultan la prosperidad de las sociedades, lo cual inevitablemente afecta a la capacidad de empresas e inversores de crear la riqueza necesaria para sobrevivir. 

Además, la pandemia ha acelerado e impuesto nuevos modelos de trabajo que desafían las relaciones y gestión tradicional de empleados y grupos de interés, haciendo que las empresas reformulen su cultura y valores corporativos para poder conseguir implicar a los empleados en el propósito de la organización

Todo apunta a que la razón por la que inversores y empresas han dejado este tipo de preocupaciones atrás es por falta de datos y metodologías concretas y precisas que midan el impacto de su desempeño social. La falta de métricas precisas ha ralentizado las mejoras, iniciativas e incluso la legislación en lo que a cuestiones sociales se refiere

Inversión social en 2022

Las buenas noticias son que los inversores parecen darse cuenta de la complejidad y urgencia de centrar sus esfuerzos en las problemáticas sociales actuales tanto como en las ambientales y de buen gobierno, al estar todas directamente interconectadas. En este sentido, la tendencia parece apuntar a la creciente supervisión de los riesgos e impactos sociales como resultado de iniciativas tanto voluntarias como obligatorias. 

Empresas e inversores empiezan a adherirse a la creciente demanda de los mercados, gobiernos e incluso individuos por una mayor, mejor y más transparente divulgación y reporte del impacto social de sus actividades financieras. 

  • Iniciativas como la Taxonomía Europea han hecho de estos compromisos con la sostenibilidad y la responsabilidad social una realidad regulada que podría liderar a la comunidad global hacia un futuro más verde. El objetivo es procurar facilitar y dar transparencia a las inversiones sostenibles mediante el planteamiento de objetivos fuertes y una divulgación de información no financiera controlada y regulada. 
  • Los ODS también representan un hito importante para la responsabilidad social; dos tercios de estos diecisiete objetivos se refieren a cuestiones de empoderamiento social, reconociendo la sostenibilidad social como central para el crecimiento y desarrollo

La importancia de la inversión socialmente responsable

Como hemos mencionado anteriormente, uno de los mayores obstáculos para la consecución de mejorar sociales es la falta de unos objetivos medibles o metodologías claramente definidas que ayuden a entender qué es en lo que necesitamos trabajar y de qué manera hacerlo. 

Sin embargo, entender que este es un proceso de mejora que debe ser continuo y a largo plazo puede ser la clave para conseguir avanzar progresivamente. Los inversores juegan un rol esencial en este proceso gracias a sus decisiones estratégicas de invertir de tal manera que impulsen actividades, iniciativas y políticas para apoyar y fortalecer la sostenibilidad social. 

Así como los consumidores tienen el poder de influir en las empresas para que cambien o mejoren sus prácticas mediante su comportamiento y hábitos de consumo, los inversores afectan de la misma manera a las tendencias del mercado. Los expertos coinciden en que centrarse en la inversión responsable, tanto en lo voluntario como en lo obligatorio, puede incentivar una mejor gestión del capital humano, diversidad, igualdad y una estabilidad social general, lo cual es a su vez un pilar fundamental para impulsar factores ambientales y de gobernanza. 

Transparencia y divulgación

En DoGood creemos que la transparencia puede ser un factor determinante para tomar decisiones más sostenibles y responsables, además de ser un elemento clave para el buen gobierno corporativo donde se siguen los procesos de divulgación con el objetivos de proporcionar a reguladores y accionistas, así como al público general, información precisa y concreta sobre aspectos financieros y operacionales de la organización, entre otros. 

Hemos desarrollado una herramienta de gobierno corporativo que ayuda a establecer cuotas de impacto ESG para empleados en lo que respecta a la estrategia de sostenibilidad de las empresas. Gracias a nuestra tecnología SaaS somos capaces de activar y hacer un seguimiento del impacto de los empleados, generando una implicación que después se traduce en mejores métricas ESG, valor reputacional y un impacto positivo para el medio ambiente y la sociedad. 

Si te interesa saber más sobre cómo hacemos esto posible de una forma social y de impacto, haz clic aquí.